La verdadera razón por la que ya no follo

Hay muchas maneras de referirse al sexo, pero dos de las más utilizadas son follar y hacer el amor. ¿Son sinónimos? ¿Qué diferencia hay? En este articulo te desvelo cuál de las dos te hará gritar más de placer.

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En los últimos años y gracias al Sr. Christian Grey y su famosa frase “yo no hago el amor, yo follo”, parece que follar se ha puesto de moda.

Me explico.
 
Creo que no soy la única a la que un tio le ha dicho la misma frase (medio en broma, medio en verdad).
 
¿Es que se piensan que son más machotes por decir la palabra “follar”?
 
Y es que “hacer el amor” suena cursi… y es de chicas.
 
Estoy segura de que ahora mismo me puedes decir hasta cinco sinónimos que se refieren a mantener relaciones sexuales. Y estoy casi segura de que dos de esas cinco son follar y hacer el amor.
 
Pero, ¿realmente son sinónimos?
 
A ver, la diferencia está clara, ​probablemente hayas pensado “hacer el amor es con sentimiento y follar sin sentimientos”.
 
Sí, ¿pero eso es todo?
 
Yo tenía una duda existencial, y es que:

Ala, ya lo he dicho.
 
Como esos chicos (y chicas también) que te dicen “yo no hago el amor, yo follo”, a mi, decir que había hecho el amor me echaba un poco pá trás. Incluso cuando hablaba con mis parejas estables, también utilizaba los términos menos románticos.
 
Pero eso cambió cuando me enamoré de verdad.
 
Se abrió un nuevo mundo lleno de posibilidades, y por supuesto, el sexo era una de esas. Y una muy sabrosa.
 
Empecé a experimentar el sexo de una forma distinta, mejor. Infinitamente mejor. Sentia más pasión, más conexión y un disfrute sin igual.
 
No podía evitar comparar este nuevo sexo con experiencias anteriores, y no me podía creer lo diferente que lo sentia.
 
En ese momento empecé a pensar que “hacer el amor” no era sólo una palabra cursi para chicas. Y este término cogió un nuevo significado para mí.
 
Antes pensaba que mi cuerpo físico y mi mente iban por separado. Cada uno iba por un lado y de manera independiente.
 
Y además estaban mis emociones, que también iban por libre.
 
¡Que viva el libre albedrío!
 
Más adelante, me di cuenta de que esto no es así.
 
Nuestros sentimientos influyen en los pensamientos que tenemos a diario, que son más de 90.000 (que se dice pronto...). Y estos pensamientos influyen en el cuerpo físico.
 
Un ejemplo rápido: ¿te has dado cuenta de que cuando estás alegre tienes la espalda recta y cuando estás triste tiendes a encorvar la columna? Este es un claro ejemplo de cómo las emociones nos influyen físicamente.
 
Pero este es sólo un ejemplo en pequeña escala.
 
¿Qué pasa con el sexo?
 

​Tu ser está compuesto ​por tu cuerpo, mente y alma.

 
Tal y como yo lo veo, intentar tener sexo sin que los sentimientos y los pensamientos se vean involucrados es tan inútil como intentar aprenderte una coreografía cuando la parte izquierda va para una parte y la derecha para otra.
 
​Es imposible hacer un buen baile.
 
Muchos están convencidísimos de que el sexo es una actividad meramente física, y que se puede disfrutar independientemente de lo que pienses o sientas.
 
¿Pero realmente se puede desconectar el cuerpo de la mente?
 
Emm… creo que no.
 
Hoy en día existen muchos libros en los que se explica la relación entre la mente y el cuerpo, o las emociones y el cuerpo. Y en general, de cómo interactúan las distintas esferas que componen nuestro ser. Estas teorías ya se han demostrado mediante la ciencia en varias ocasiones, y estos descubrimientos no son precisamente actuales.
 
Que hay una relación entre cuerpo, mente y alma es innegable.
 
Y al igual que afecta en otras áreas, también en el sexo.
 
Lo reconozco, hace unos años pensaba que existia el sexo con amor y el sexo sin amor, y que podría disfrutar de los dos de la misma manera. Pensaba que el sexo podía ser meramente físico y que el amor era un plus (que, dicho sea, todavía no había sentido).
 
Esta era la razón por la que cada vez que follaba, me sentia un poco vacía.
 
Creía que el sexo podría ser mejor, mucho mejor.
 
¡Yo quería fuegos artificiales!
 
Así que, ingenua de mí, me puse a la búsqueda y captura de mi empotrador, el amante perfecto, ese hombre que hiciera que me corriese con sólo morderme un pezón y con el que tendría una atracción sexual arrolladora.
 
Joder, quería sexo del bueno.
 
Quería follar con ese macho ibérico que aparece en toda novela romántica que se precie, vaya.
 
Y empecé a tener más experiencias sexuales.
 
No te creas que fueron muchas...
 
La realidad es que la mayoría de esos encuentros no estaban a la altura de mis expectativas. Reconozco que hubo buen sexo, pero ¿sabes que pasó a continuación?

Yo me sentia vacía porque lo que realmente quería y necesitaba era amor.


​Notaba esa falta en mi interior, y por muy buen polvo que hubiera echado, el ligue no me duraba más de 3 encuentros.
 
Resumiendo, yo anhelaba esa conexión profunda de amor y aunque no la había experimentado en su totalidad todavía, sabía que existia.
 
Por aquel entonces, yo era una chica que no se permitia expresar al 100% lo que sentia, no me dejaba ir con las parejas que había tenido, y desde luego, no había experimentado todavía el Amor (con A mayúscula) ni el enamoramiento.
 
Por eso comprendí que al decir "follar" me estaba protegiendo de exponer mis sentimientos. No permitia que mis parejas sexuales (ya fueran novios o ligues) me hicieran daño, pero como efecto secundario, tampoco podía sentir amor. Así que pensar en términos de “follar” me estaba haciendo daño a mí misma.
 
Entonces supe que lo que quería de verdad era un novio que me quisiera.
 
La búsqueda del macho empotrador quedó olvidada, y la sustituyó la búsqueda del amor verdadero.
 
Tuve suerte, y conocí a Asier (mi pareja actual y co-creador de Escuela de Pareja).
 
Entonces experimenté en mis propias carnes y a tiempo real que el amor incrementa la cantidad de pasión que sentimos por una persona y, por lo tanto, hace que el sexo sea mejor y tenga verdadero sentido.
 
Y esta fue la gran sorpresa...

Como buena lectora de novelas erótico-románticas, a menudo he fantaseado con el tipo de hombres que los protagonizan y los encuentros sexuales que viven.
 
Este tipo de novelas se caracterizan por la atracción explosiva que hay entre los dos protagonistas. Ese impulso irrefrenable que les hace follar como conejos durante todo el libro. Y de verdad, son unas escenas de lo más sugerentes, provocadoras y cargadas de erotismo.
 
Vamos, que se te suben los colores y para qué engañarnos, te imaginas dándolo todo con el susodicho.

Por eso piensas que lo que necesitas es un tio que te empotre bien.
 
Pero, ¿sabes cómo terminan la mayoría de las novelas erótico-románticas?
 
Casamiento. Embarazo. Y felices para siempre.
 
Es decir, Amor (con A mayúscula). Siempre, siempre, siempre y siempre hay sentimientos de por medio.
 
El tipo de relaciones sexuales que deseas, las relaciones satisfactorias y que te hacen gritar de placer y te dejan KO son aquellas que van de la mano con los sentimientos.
 
Y no lo digo porque así aparece en las novelas.
 
Yo misma lo he vivido. Y tú también sabes que es así.
 
El sexo esporádico está bien para quedarte satisfecha por unas horas o unos días. Pero no te dan satisfacción sexual a largo plazo.
 
Y es que, al de pocos días, vuelves a tener ganas de más.  
 
Puedes llegar a pensar que es porque tienes mucha libido y energía sexual.
 
Pero esto no es necesariamente bueno.
 
Esa descarga momentánea de energía que es el orgasmo, no es suficiente para satisfacernos en cuerpo, mente y alma, por lo que es normal que al de poco tiempo vuelvas a sentirte ansiosa y con ganas de descargar otra vez esa energía sexual.

A la larga, si sigues por ese camino, tu energía sexual se reducirá mucho y te sentirás más cansada, con hastio y las experiencias morbosas del pasado ya no te crearán ningún interés.

En tu intento frustrado de volver a sentir el grado de energía sexual del pasado, necesitarás llevar a cabo experiencias más morbosas hasta probar de todo… pero sin satisfacerte con nada.

La verdad es que con el sexo esporádico y sin sentimientos, pocas veces te quedas completamente satisfecha.

 
¿Sabes lo que falta en la ecuación?
 
El afecto.
 
Por eso, esperar que el lío de una noche te eche el polvo de tu vida es, en mi opinión, una pérdida de tiempo y un deseo irreal.
 
¿Que quieres pasártelo bien un rato? Genial.
 

Pero si lo que quieres de verdad son fuegos artificiales, y satisfacción sexual a largo plazo, lo que tienes que buscar es amor.  

En mi experiencia, es haciendo el amor cuando he conseguido tener el mejor sexo de mi vida, el tipo de sexo que te gira la cabeza, te deja con una sonrisa durante horas, completamente satisfecha y con una sensación de paz muy agradable.
 
Es la fuerza de los sentimientos la que me ha hecho sentir atracción y pasión por mi pareja y un disfrute mucho mayor a lo que había conocido hasta el momento.
 
Yo lo tengo claro, yo hago el amor.
 
¿Y tú?
 
Cuéntame en los comentarios si tu follas o haces el amor y tu experiencia con el sexo con sentimientos y sin sentimientos, y continuemos intercambiando experiencias 🙂

En los últimos años y gracias al Sr. Christian Grey y su famosa frase “yo no hago el amor, yo follo”, parece que follar se ha puesto de moda.
Me explico.
 
Creo que no soy la única a la que un tio le ha dicho la misma frase (medio en broma, medio en verdad).
 
¿Es que se piensan que son más machotes por decir la palabra “follar”?
 
Y es que “hacer el amor” suena cursi… y es de chicas.
 
Estoy segura de que ahora mismo me puedes decir hasta cinco sinónimos que se refieren a mantener relaciones sexuales. Y estoy casi segura de que dos de esas cinco son follar y hacer el amor.
 
Pero, ¿realmente son sinónimos?
 
A ver, la diferencia está clara, estoy segura que ya has pensado “hacer el amor es con sentimiento y follar sin sentimientos”.
 
Sí, ¿pero eso es todo?
 
Yo tenía una duda existencial, y es que:
 
A mí me encantaba follar, hasta que conocí el amor de verdad.
 
Ala, ya lo he dicho.
 
Como esos chicos (y chicas también) que te dicen “yo no hago el amor, yo follo”, a mi decir que había hecho el amor me echaba un poco pá trás. Incluso cuando hablaba con mis parejas estables, también utilizaba los términos menos románticos.
 
Pero eso cambió cuando me enamoré de verdad.
 
Se abrió un nuevo mundo lleno de posibilidades, y por supuesto, el sexo era una de esas. Y una muy sabrosa.
 
Empecé a experimentar el sexo de una forma distinta, mejor. Infinitamente mejor. Sentia más pasión, más conexión y un disfrute sin igual.
 
No podía evitar comparar este nuevo sexo con experiencias anteriores, y no me podía creer lo diferentes que las sentia.
 
En ese momento empecé a pensar que “hacer el amor” no era sólo una palabra cursi para chicas. Y este término cogió un nuevo significado para mí.
 
Antes pensaba que mi cuerpo físico y mi mente iban por separado. Cada uno iba por un lado y de manera independiente.
 
Y además estaban mis emociones, que por qué no, también iban por libre.
 
¡Que viva el libre albedrío!
 
Más adelante, me di cuenta de que esto no es así.
 
Nuestros sentimientos influyen en los pensamientos que tenemos a diario, que son más de 90.000 (se dice pronto...). Y estos pensamientos influyen en el cuerpo físico.
 
Un ejemplo rápido: ¿te has dado cuenta de que cuando estás alegre tienes la espalda recta y cuando estás triste tiendes a encorvar la columna? Este es un claro ejemplo de cómo las emociones nos influyen físicamente.
 
Pero este es sólo un ejemplo en pequeña escala.
 
¿Qué pasa con el sexo?
 
Creo que estarás de acuerdo en que tu ser lo componen varios aspectos: como mínimo, el cuerpo, pero también, la mente y el alma.
 
Tal y como yo lo veo, intentar tener sexo sin que los sentimientos y los pensamientos se vean involucrados es tan inútil como intentar aprenderte una coreografía cuando la parte izquierda va para una parte y la derecha para otra.  
Es imposible hacer un buen baile.
 
Muchos están convencidísimos de que el sexo es una actividad meramente física, y que se puede disfrutar independientemente de lo que pienses o sientas.
 
¿Pero realmente se puede desconectar el cuerpo de la mente?
 
Emm… creo que no.
 
Hoy en día existen muchos libros en los que se explica la relación entre la mente y el cuerpo, o las emociones y el cuerpo. Y en general, de cómo interactúan las distintas esferas que componen nuestro ser. Estas teorías ya se han demostrado mediante la ciencia en varias ocasiones, y estos descubrimientos no son precisamente actuales.
 
Que hay una relación es innegable.
 
Y al igual que afecta en otras áreas, también en el sexo.
 
Lo reconozco, hace unos años pensaba que existia el sexo con amor y el sexo sin amor, y que podría disfrutar de los dos de la misma manera. Pensaba que el sexo podía ser meramente físico y que el amor era un plus (que, dicho sea, todavía no había sentido)
 
Esta era la razón por la que cada vez que follaba, me sentia un poco vacía.
 
Creía que el sexo podría ser mejor, mucho mejor.
 
¡Yo quería fuegos artificiales!
 
Así que, ingenua de mí, me puse a la búsqueda y captura de mi empotrador, el amante perfecto, ese hombre que hiciera que me corriese con sólo morderme un pezón y con el que tendría una atracción sexual arrolladora.
 
Joder, quería sexo del bueno.
 
Quería follar con ese macho ibérico que aparece en toda novela romántica que se precie, vaya.
 
Y empecé a tener más experiencias sexuales.
 
No te creas que fueron muchas...
 
La realidad es que la mayoría de esos encuentros no estaban a la altura de mis expectativas. Reconozco que hubo buen sexo, pero ¿sabes que pasó a continuación?
 
Yo me sentia vacía porque lo que realmente quería y necesitaba era amor.
 
Notaba esa falta en mi interior, y por muy buen polvo que hubiera echado, el ligue no me duraba más de 3 encuentros.
 
Resumiendo, yo anhelaba esa conexión profunda de amor y aunque no la había experimentado en su totalidad todavía, sabía que existia.
 
Por aquel entonces, yo era una chica que no se permitia expresar al 100% lo que sentia, no me dejaba ir con las parejas que había tenido, y desde luego, no había experimentado todavía el Amor (con A mayúscula) ni el enamoramiento.
 
Por eso comprendí que al decir follar me estaba protegiendo de exponer mis sentimientos. No permitia que mis parejas sexuales (ya fueran novios o ligues) me hicieran daño, pero como efecto secundario, tampoco podía sentir amor. Así que pensar en términos de “follar” me estaba haciendo daño a mí misma.
 
Entonces supe que lo que quería de verdad era un novio que me quisiera.
 
La búsqueda del macho empotrador quedó olvidada, y la sustituyó la búsqueda del amor verdadero.
 
Tuve suerte, y conocí a Asier (mi pareja actual y co-creador de Escuela de Pareja).
 
Entonces experimenté en mis propias carnes y a tiempo real que el amor incrementa la cantidad de pasión que sentimos por una persona y, por lo tanto, hace que el sexo sea mejor y tenga verdadero sentido.
 
Y esta fue la gran sorpresa...

Como buena lectora de novelas erótico-románticas, a menudo he fantaseado con el tipo de hombres que los protagonizan y los encuentros sexuales que viven.
 
Este tipo de novelas se caracterizan por la atracción explosiva que hay entre los dos protagonistas. Ese impulso irrefrenable que les hace follar como conejos durante todo el libro. Y de verdad, son unas escenas de lo más sugerentes, provocadoras y cargadas de erotismo.
 
Vamos, que se te suben los colores y para qué engañarnos, te imaginas dándolo todo con el susodicho.

Por eso piensas que lo que necesitas es un tio que te empotre bien.
 
Pero, ¿sabes cómo terminan la mayoría de las novelas erótico-románticas?
 
Casamiento. Embarazo. Y felices para siempre.
 
Es decir, Amor (con A mayúscula). Siempre, siempre, siempre y siempre hay sentimientos de por medio.
 
El tipo de relaciones sexuales que deseas, las relaciones satisfactorias y que te hacen gritar de placer y te dejan KO son aquellas que van de la mano con los sentimientos.
 
Y no lo digo porque así aparece en las novelas.
 
Yo misma lo he vivido. Y tú también sabes que es así.
 
El sexo esporádico está bien para quedarte satisfecha por unas horas o unos días. Pero no te dan satisfacción sexual a largo plazo.
 
Y es que, al de pocos días, vuelves a tener ganas de más.  
 
Puedes llegar a pensar que es porque tienes mucha libido y energía sexual.
 
Pero esto no es necesariamente bueno.
 
Esa descarga momentánea de energía que es el orgasmo, no es suficiente para satisfacernos en cuerpo, mente y alma, por lo que es normal que al de poco tiempo vuelvas a sentirte ansiosa y con ganas de descargar otra vez esa energía sexual.

A la larga, si sigues por ese camino, tu energía sexual se reducirá mucho y te sentirás más cansada, con hastio y las experiencias morbosas del pasado ya no te crearán ningún interés.

En tu intento frustrado de volver a sentir el grado de energía sexual del pasado, necesitarás llevar a cabo experiencias más morbosas hasta probar de todo…


En conclusión, la verdad es que con el sexo esporádico y sin sentimientos, pocas veces te quedas completamente satisfecha.
 
¿Sabes lo que falta en la ecuación?
 
El afecto.
 
Por eso, esperar que el lío de una noche te eche el polvo de tu vida es, en mi opinión, una pérdida de tiempo y un deseo irreal.
 
¿Que quieres pasártelo bien un rato? Genial.
 
Pero si lo que quieres de verdad son fuegos artificiales, y satisfacción sexual a largo plazo, lo que tienes que buscar es amor.  
 
En mi experiencia, es haciendo el amor cuando he conseguido tener el mejor sexo de mi vida, el tipo de sexo que te gira la cabeza, te deja con una sonrisa durante horas, completamente satisfecha y con una sensación de paz muy agradable.
 
Es la fuerza de los sentimientos la que me ha hecho sentir atracción y pasión por mi pareja y un disfrute mucho mayor a lo que había conocido hasta el momento.
 
Yo lo tengo claro, yo hago el amor.
 
¿Y tú?
 
Cuéntame en los comentarios si follas o haces el amor y tu experiencia con el sexo con sentimientos y sin sentimientos

La verdadera razón por la que ya no follo
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Sobre Ane Yusta

¡Holaa! Soy Ane Yusta, emprendedora y apasionada de la sexualidad. Desde las primeras relaciones y experiencias sexuales, he pensado que tenía que haber algo más. Por eso, ahora me dedico a investigar ese "más" junto con mi pareja actual. Quiero contarte todo lo que hemos aprendido sobre sexualidad y vida en pareja para que tú también consigas la relación de pareja que deseas. ¿Me acompañas?